Durante el Imperio Español en América, los conflictos navales europeos se desplazaron al Mar Caribe, el cual era afectado en los primeros años del descubrimiento como un lago español. A partir del siglo XVII, el Mar Caribe se convierte en la cancha gallera donde se forman las fuerzas navales de las potencias europeas (Germán Arciniegas). [1] Y es que España despierta los celos de Europa al descubrir en América riquezas incalculables.

 En el siglo XVII comienza Inglaterra su penetración en las posesiones españolas, primero en Providencia y luego en Jamaica, con la intención de apropiarse un siglo más tarde, de modo directo o indirecto, de la costa de los Mosquitos.

Mediante los Tratados de 1763, 1783 y 1786 Gran Bretaña se comprometió a retirarse de las Islas de la Bahía de Honduras y la Costa de los Mosquitos y destruir sus fortificaciones, reconociendo a la Corona de España como soberana sobre el continente y sus islas adyacentes.

Proclamada la independencia de Centroamérica y luego de la modificación de la Federación en 1838, Gran Bretaña promueve el establecimiento de una cabeza de playa en la zona de la Mosquitia y en las Islas de la Bahía. Para la Reina de los Mares de aquella época, sus intereses comerciales recaían en la desembocadura del río San Juan en el Mar Caribe, la entrada de un canal interoceánico y el archipiélago de las Islas de la Bahía, para el caso de construcción en un ferrocarril interoceánico por territorio hondureño.

Mientras Gran Bretaña perseguía estos objetivos, Estados Unidos se había convertido en una potencia bioceánica, nuestros intereses políticos y comerciales era necesario ajustar con Gran Bretaña en el Mar Caribe, lo cual se convirtió por medio del Tratado Cayton-Bulwer en 1850.

No obstante lo anterior, en marzo de 1852 Gran Bretaña (Oficina Colonial), declaró las Islas de la Bahía oficialmente una colonia británica, generando nuevas tensiones entre Estados Unidos de América y Gran Bretaña. El reclamo del Gobierno de Estados Unidos fue firme, desde el Senado y desde el Ejecutivo, por medio del Ministro de Estados Unidos en Londres, James Buchanan.

A la luz de estas tensiones, Gran Bretaña desistió de sus pretensiones sobre territorio continental e insular hondureño y suscribió el 28 de noviembre de 1859 el Tratado Cruz-Wyke con Honduras, por medio del cual reconoció soberanía hondureña sobre las islas de la Bahía y la costa norte de Honduras en el sector de la Mosquitia.

El Tratado de 1864.

[1] Biografía del Caribe.

En ese contexto, se suscribió un tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre Estados Unidos de América y Honduras, que es poco conocido en nuestro país. El Tratado fue firmado en Comayagua el 4 de julio de 1964 por Don Manuel Colindres, Ministro de Relaciones Exteriores y por el señor Thomas H. Clay, Ministro Residente de los Estados Unidos de América en Honduras.

Aparte de los acuerdos relacionados con los temas que determinan el tratado, en su parte final aborda el tema de un contrato que nuestro Gobierno suscribió con la “Compañía del camino de hierro interoceánico de Honduras” para construir un ferrocarril entre el Atlántico y el Pacífico ( Artículo (XIV) .En El Artículo V del Contrato Honduras se obliga a mantener la perpetua neutralidad y protección de la ruta referida.

Fue para cumplir con una obligación contractual que Honduras negoció con Estados Unidos esta parte del tratado en el que garantiza el libre tránsito, sin discriminación alguna, puede requerir a Estados Unidos la cláusula de la nación más favorecida y obligando a establecer puertos francos en los dos extremos de la línea para todo objeto de comercio legal.

Hoy, 150 años más tarde que la ruta interoceánica ha cogido nuevo auge y beligerancia con la ampliación del Canal de Panamá, el anuncio del Gran Canal de Nicaragua y el Canal Seco por Honduras, resultando interesante leer algunos párrafos de ese tratado que, al no conoce formalmente que haya sido denunciado, se presume que está vigente.

En el párrafo segundo del Artículo XIV, en lo relevante, el Gobierno de los Estados Unidos declara “… para determinados la construcción y permanencia de la ruta referida así como las ventajas que no hay interrupción ofrece al género humano,… reconoce los derechos de soberanía y propiedad de Honduras sobre la línea de la ruta; y por la misma razón garantizada positiva y eficazmente su entera neutralidad; en tanto que el Gobierno de los Estados Unidos goce de los privilegios concedidos en el Artículo anterior. “Y cuando el camino proyectado sea concluido, el Gobierno de los Estados Unidos igualmente se compromete, a protegerlo, en unión con el de Honduras, de toda interrupción, ataque o injusta confiscación de cualquiera parte que proceda”.

Comentamos un tratado del siglo XIX; Creo que la transmisión se actualizó para que esté un tono con el derecho internacional contemporáneo y el derecho interno de Honduras, si podría la voluntad de ambas partes, y se pone en marcha el ferrocarril interoceánico por Honduras, junto a los puertos francos.

En el mundo amenazado en que hoy vivimos, ya no solo hay que tener en cuenta los intereses estratégicos de Estado, sino que además contar con vías alternas para salvaguardar el orden económico mundial, en el supuesto de que otro atentado terrorista contra las barreras de mercado y su sistema de comercio.

Tegucigalpa, MDC, 18 de mayo de 2015.

Escrito Por: Carlos López Contreras